Enemistad Con La Ignorancia

virtudes

Corren tiempos lamentables para las generaciones venideras. Tiempos de poco sentido y demasiada certeza. Posiblemente es culpa nuestra. No supimos educar a nuestros chicos, no al menos, en lo que a la virtud respecta. En el marco de esta ilusión a la que llamamos armonía, en donde cada cual hace su vida sin pensar mucho en los demás, deberíamos, una vez más, tomarnos un café con la filosofía.

Hacia la izquierda están los engañados. Los que sucumben ante ideologías y creencias. Éstos que ya no buscan la verdad, no por indiferencia, sino por adoctrinados. Y está aquel otro, a la derecha, que ni busca la certeza ni le importa; los ignorantes convencidos por el circo, los pobres diablos que cual hojas en otoño, se deslizan por el viento. Y en el medio están los pocos, quienes deberíamos decirnos: “me prohíbo estar sólo conmigo. Es necesario llevar también a otros”.

Del Ser humano es la ignorancia su enemiga. Aquella que le convence de lo cierto, es también la que lo vuelve prejuicioso. Estar seguros de aquello o lo otro no es menos peligroso que caer en la penuria de la ignorancia; en ambos casos, el Ser humano se estanca ya sea porque no busca la Verdad, o ya sea que no le plazca hacerlo. Pero, ¿Qué buscamos, pues Señor? – La verdad, amigo mío. Tan sólo la Verdad-. La única Verdad, esa que ha prometido hacerte libre, es esa misma es la que debemos procurar. Esta Verdad no está allá afuera, acaso que es dentro de nosotros donde debemos comenzar. Tal incógnita es una idea y las ideas no se hallan tras un escaparate, sino en nosotros mismos, en nuestra propia tienda. ¡Busca ya esa idea!

La belleza, la perfección, la justicia, en efecto, son también ideas. Éstas no pueden ser cazadas por los hombres que corren tras de ellas, sino por aquellos que descansan un momento, y en soledad, las piensan. Al pensarlas descubren, poco a poco, que son más que la apariencia. Son de naturaleza tan distinta a aquello que los ojos pueden ver. Al Ser humano que las piensa, pronto estas nociones le acorralan y le obligan a dudar. En la duda las encuentra, con esfuerzo las conoce y con vocación, las ama. Porque somos humanos, seres destinados a amar.

Cruel verdad es la nuestra. Pues tal encuentro, entre más real se quiera, más difícil será. ¿Por qué es tan ardua la espera?, ¿Cuánto debemos caminar? Somos seres limitados, imperfectos e incompletos; nuestro destino no es perpetuo, sino mortal. Es por ello tan frustrante contar con tan poco tiempo. Y aun así vale la pena. Porque en nuestra ruin mortalidad somos capaces de pensar lo que es perfecto. La idea de lo perfecto habita en nuestra mente, no por coincidencia, sino por causalidad. Algo eterno yace en nuestra finita existencia, un brote de perfección en la materia. Una excepción que vale la pena investigar.

Por todo esto debe combatirse al ignorante, sin prejuicio ni silencio, acaso con dudas y problemas. Asumir la realidad externa no es un reto para nadie; es tan sensible que la podemos tocar. ¡Son las ideas los verdaderos retos! Aquellas preguntas sin respuestas concretas, aquella interrogante que agobia el camino de hombre por la tierra, pero que a su vez le dignifica, haciéndole merecedor de cada bocanada que respira. Porque el Ser humano no ha venido al mundo a ser víctima del tiempo; éste ha venido a existir y existiendo, a perdurar.

Por Christian Aranda

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