Situar El Pensamiento Filosófico

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El ser humano es grandioso porque piensa. Porque piensa, éste es capaz de significar la realidad, y así darle un sentido a su existencia. Al pensar, el ser humano no hace menos que dar cuenta de su presencia en el mundo real, así como de su papel de sujeto protagonista en un espacio de constantes transformaciones.

En un primer momento, pareciera que la enseñanza de la filosofía, paradójicamente, contrastara con esta grandeza. Lamentablemente, la filosofía que hoy se enseña en no pocas instituciones educativas, consiste en apiñar las ideas más resaltantes de los héroes del pensamiento escogidos, arbitrariamente, por el docente; o peor aún, que tal mezcolanza sea dictaminada por alguna autoridad incompetente. Sobre ello es preciso detenerse un momento y reflexionar un poco.

El pensamiento está situado. Una idea no surge como producto de la pura espontaneidad del pensador, sino que cuando ocurre se encuentra necesariamente influenciada por el espacio y tiempo concretos recreados  por el sujeto pensante. Así, diremos por poner un breve ejemplo, que no hubiera sido posible que Descartes planteara como elemento propio del cógito a la duda, de no haber sido que por aquel entonces las verdades teologales se tenían por irrefutables y a nadie le estaba permitido cuestionarlas. Luego, sin el aporte cartesiano, probablemente el ascenso del Renacimiento hubiera resultado infructuoso, dado que las monarquías seguirían reinando por derecho divino; en consecuencia, en Francia la cabeza de Luis XVI no hubiera rodado, debido a que la lucha popular jamás habría sido puesta en ideas; asimismo, no se habría escrito la Enciclopedia, tampoco Kant conseguiría escribir su Crítica a la Razón Pura y menos aún su Paz Perpetua, etc.

Algunas consecuencias enfermizas que suele traer no enseñar la cátedra de filosofía adecuadamente suele ser que tal educación, por lo general, parezca confusa al estudiante, y que este piense en los filósofos como personas distraídas que andan “cayendo en pozos de agua por ver las estrellas”; cuando en realidad los filósofos han sido y son las personas más atentas y terrenales que puede haber en el mundo.

En ese sentido, sea que se exponga un pensamiento platónico o uno marxista, se debe no sólo hacer comprensible la idea de cada uno –  y luego dejarlos flotando en la mente del estudiante –, sino que dicha enseñanza, necesariamente, debe acompañarse con una coherente explicación de la temporalidad específica en la que se suscitó determinado pensamiento, así como el antes y después del mismo. Sólo así la enseñanza de la filosofía podrá ser adecuadamente validada por el estudiante y la sociedad.

Por Christian Aranda.

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