Conversaciones Filosóficas

conversaciones5

Se trata del caso de Valentina Maureira, una adolescente chilena de 14 años que padece de fibrosis quística y pide a la presidenta Michelle Bachelet que la deje morir, autorizando la “inyección que la deje dormida para siempre”. Sobre dicho tema se suscita una conversación que versa de la siguiente manera:

PIÚ: Suponiendo que somos capaces de prescindir del prejuicio, y permitirnos dudar de todo, ¿cómo analizaríamos la cuestión de la eutanasia?

NIÚ:  Para responder ello sería preciso preguntarse, ¿cuánto derecho tenemos sobre nuestra propia vida?, ¿estamos permitidos de hacer lo  que queramos con ella?

Creo que uno de los pasos principales para llegar a la respuesta es acercarnos lo más posible a la propia conciencia. Sin embargo, es difícil hacerlo con tantas distracciones externas ¿Cómo empezar a preguntarnos qué somos en realidad cuando elementos como nuestro propio cuerpo demandan tanta atención? y en el caso de una persona enferma, el proceso se complica el triple. Pero ¿cómo esta persona podría tomar una decisión que requiera estar lo más consciente posible, cuando el sufrimiento del cuerpo no la deja hacerlo? Entonces una labor puramente humana sería ayudar a quienes tienen más complicado el encontrar la respuesta a su propia existencia. Si dejamos que este se vaya sin haberse acercado siquiera una milésima a aquella conciencia propia, parte de nuestra labor humana se habría visto frustrada. Peor aún ¿qué pasa si dejamos que una persona tome esta decisión de tamaña importancia sin estar consciente de la respuesta a la primera pregunta mencionada al inicio?

PIÚ: Suponiendo que el alma conoce, y el cuerpo sólo a través de disciplina puede llegar a ser consciente “recordando lo conocido por el alma”, y dado que el diseño humano está presto a aprender, uno podría llegar a resolver que por naturaleza estamos hechos para ser conscientes. Si fuera así, ¿qué posibilidades de ser consciente tendría un ser humano perturbado por los males del cuerpo?

NIÚ: Dado que estamos diseñados para ser conscientes, y aceptando que el cuerpo requiere disciplina para ejercer esta conciencia, entonces las posibilidades de ser consciente un humano enfermo y perturbado por los males físicos, son menores a las de un ser humano que ha logrado disciplinar su cuerpo, puesto que la enfermedad ya acarrea una gran preocupación para el individuo. Por ello me pregunté: ¿qué pasa si dejamos que una persona en tal estado tome una decisión tan grave sin estar lo suficientemente consciente?

PIÚ: Y a eso habría que sumarle la pregunta, ¿qué pasa si dejamos que un ser humano en tal estado tome una decisión tan grave sin estar lo suficientemente consciente y a la vez con una vaga probabilidad de llegar a estarlo? Seguramente habría quien estaría de acuerdo en aferrarse a esa posibilidad, por mínima que sea. Pero de ser ese el caso, ¿bastaría solamente con intervenir en la salud de la persona para prolongar su vida o no apresurar su muerte sin más, o quizá ello sería bueno solamente si a la vez se pudiera ayudar a ese ser humano a alcanzar su estado de consciencia?

NIÚ: Creo que si el fin es ayudar a que la persona alcance su estado de consciencia, entonces valdría más el prolongar su vida si a la vez se pudiera llegar a dicho fin, mas no únicamente prolongar su vida. ¿Cómo hacer que un ser humano en tal estado de enfermedad se interese en llegar al estado de conciencia que necesita para poder decidir sobre su vida?

PIÚ: Si aun sin dolores el ser humano es fácil presa de los sentidos, y sólo se aprende a dominar estos a través el cultivo del “pensar”. Y si sabemos que este “pensar” exige que el sujeto esté tranquilo, que guste de la soledad y así pueda cuestionar su realidad lo más objetivamente posible para poder autoafirmar su libertad subjetiva, ¿de qué manera podría alcanzarse lo que dices, sin intervenir en los dolores del cuerpo artificialmente o sin intervenir en el pavor a la muerte, sin, a la vez, adormecer la mente?

NIÚ: Se complica más la situación, pues para aliviar los dolores y calmar las penas hacen falta sedantes, y con ello se le imposibilitaría la capacidad de pensar. Pero… ¿Y si el ser humano, una vez que está más cerca de la muerte que otros, es más susceptible a cuestionarse sobre su existencia por el mismo hecho de que está a unos pasos de dejarla? ¿y si aprovechando este estado de “reflexión obligada” se le orienta? ¿Cómo un ser humano que está a punto de morir no puede cuestionarse sobre lo que habrá más allá de la muerte, sobre lo que ha hecho en su vida, o sobre su propia existencia?

PIÚ: Ciertamente, la cercanía a la sensación de la muerte es indiscutible, y por ende el ser humano sería más susceptible de abrazarla, pero cuestiono eso que has llamado “reflexión obligada” porque, ¿no es el pensar una actividad personal?, ¿Obligar a alguien a “pensar” no es acaso sujetar al sujeto? Y si mal no recuerdo, ¿Eso ya no lo hace la religión, al operar como un barbitúrico en el “pensar” del ser humano?

NIÚ: Me refería a que el propio ser humano se ve “obligado” por él mismo, pese a sus males físicos, a pensar sobre su existencia.

PIÚ: En todo caso, de existir este ser humano y ser consciente, ¿encontraría en su muerte un mal o un bien?

NIÚ: Probablemente dependerá de cómo llegue a analizar su propia existencia. Tal vez lo primero que analice será todo lo que hizo a lo largo de su vida. Luego lo evaluará, y de estar conforme con ello podría tomar su muerte como un bien. En el caso de darse cuenta que no está conforme, tal vez querrá seguir viviendo y condenará su muerte. No obstante, en el caso de que se diera cuenta que ha tenido que estar a unos pasos de la muerte para ser consciente de su existencia, probablemente la frustración de no haberse puesto a pensar sobre ello en vida le haría encontrar mal en su muerte. O también podría ser que en el caso de ser consciente de la profundidad de su existencia, la muerte le traiga un bien al saber que podrá comprobar la realidad de su alma una vez haya dejado el cuerpo. Sin embargo, para llegar a entender esta última conclusión, creo que el tiempo es necesario, y esta persona tal vez no tendría suficiente tiempo. Puede que solo alcance a llegar a ser consciente de su existencia, pero no pueda terminar de responder al enigma de su muerte.

PIÚ: ¿Podría darse también que en caso de que al darse cuenta que ha tenido que estar a unos pasos de la muerte para ser consciente de su existencia, intuya que estas dos realidades se encuentran conectadas tan cercanamente que una le abre paso a la otra?

NIÚ: ¡Podría darse!, y de ser el caso, entonces abrazaría a la muerte con mejores pensamientos, puesto que la persona estaría más conectada con su existencia.

PIÚ: De ser el caso, bien habría dicho Cervantes:

“Ven, muerte, tan escondida,

que no te sienta venir…

porque el placer de morir,

no me vuelva a dar la vida”.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s